Países con mayor porcentaje de consumo de drogas

Países con mayores índices de felicidad

Correlación entre ambos gráficos

42% de correlación. Saquen sus propias conclusiones.
Tomado de: Information Is Beatiful






Esto no es un cuento, es una investigación, pero comienza con una historia: El psicólogo Richard Wiseman se encontraba buscando los factores que diferencian a las personas con “buena suerte” de los que se consideran con “mala suerte”. Para realizar un estudio al respecto convoco a personas de ambos grupos, o sea, personas que se evaluaban a si mismas como suertudas y los que se evaluaban como personas con mala suerte.
A todos les encargo la misma tarea: Contar el numero de fotografías que aparecían en un periódico.
Las personas con mala suerte demoraron un promedio de dos minutos en contar que había 45 fotos.
Las personas con buena suerte demoraron un promedio de 10 segundos en dar con la respuesta.
¿Cómo?
El estudió mostró justamente lo que el Dr. Wiseman quería comprobar, ya que en la segunda página, en medio del texto aparecía un mensaje que decía “deja de contar, este periódico tiene 45 fotografías”.
El estudio demostraría que las personas del grupo de “mala suerte” tienden a enfocarse en la tarea, a tal nivel y con tal dosis de ansiedad, que dejan de ver otros elementos que podrían ayudarlos a resolver su problema, mientras que los “con buena suerte” tienen a enfrentar los desafíos de forma mas relajada, contemplando todo el contexto y tomando del medio los elementos que pueden ayudarlos a completar su tarea, aunque en un principio pareciera que prestar atención a otros elementos solo podría distraerlos. Así, las personas con mala suerte se concentraron solo en contar las fotografías, pasando por alto el anuncio, mientas que los suertudos, al “hojear” el periódico, se encontraron con el mensaje que les daba la respuesta.
Lo bueno, es que a partir del estudio el Dr. Wiseman ha logrado identificar algunos ejercicios que han logrado que las personas con mala suerte se conviertan en personas suertudas:






Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de los países en que reina la
civilización capitalista. Esa locura es responsable de las miserias individuales y sociales
que, desde hace dos siglos, torturan a la triste humanidad. Esa locura es el amor al
trabajo, la pasión moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas
vitales del individuo y de su prole.
En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de
toda deformación orgánica.
Cristo, en su sermón de la montaña, predicó la pereza:
«Contemplad cómo crecen los lirios de los campos; ellos no trabajan, ni
hilan, y sin embargo, yo os lo digo, Salomón, en toda su gloria, no
estuvo más espléndidamente vestido».